E D I T O R I A L (Edición 17)

 

 

Muchas circunstancias hacen esta campaña especialmente distinta a las anteriores así como los mecanismos electorales también han cambiado.
En primer lugar el hecho que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) decidiera repartir la deuda política tomando como base los resultados de la encuestas contribuyó a exagerar la importancia de esta herramienta de medición, la cual solo ofrece una visión aparente y volátil de la realidad que confunde más que guiar al electorado.

Por un lado las encuestas no son verdades inamovibles de la situación electoral. Representan la imagen de un instante, en un contexto que es válido en ese momento y cuyos resultados pueden ser interpretados y manipulados de muchas
formas.

Lo que sí han demostrado es que de una semana a otra el panorama puede volcarse para un lado u otro, y que como guerra de información tienden a desviar el verdadero tema de fondo: el programa, candidato o ideología que representa mejor los intereses de la mayoría de los costarricenses. Una novedad de esta campaña fue el formato de los debates televisivos.

Cada canal de la televisión nacional, así como algunas universidades y por supuesto el TSE, organizaron su propio debate, mostrando al electorado incansablemente y con muy poco margen de repuesta a mismos rostros que encabezan la pirámide de las encuestas. Los candidatos perdieron valiosas oportunidades de profundizar sobre sus planes de gobierno y la ideología que representan.
Las absurdas amenazas acerca del peligro del comunismo que algunas personas predican sin establecer diferencias ni conceptos, estableciendo comparaciones paranoicas sin sustento en la realidad, el trabajo y los planteamientos de cada partido.

Estas prácticas populistas de manipulación fueron descritas con detalle en aquel famoso «memorándum del miedo» puesto en práctica por el partido Liberación Nacional durante el referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, con la intención de influenciar en la intención de voto hacia el sector neoliberal y favorecer los intereses del gran capital económico. Prácticas que siguen vigentes y que lamentablemente son un factor de peso en esta elección.
Como consecuencia del miedo y la incertidumbre electoral se presenta otro factor que los politólogos señalan tanto al oficialismo como la oposición. Es el cálculo de las posibilidades que tiene cada candidato con base a las encuestas de opinión.

A través de este cálculo el votante escogerá entre posibilidades aparentes y con un criterio finalmente más enfocado en ideologías que en la capacidad real del candidato. Por ejemplo, si la intención de voto es crítica en contra de la corrupción, continuidad del poder y acumulación desigual de riqueza, el voto tenderá a una aposición con más posibilidades de ganar, pero con un criterio desinformado e irreal.

Por otro lado si el posible votante está mal informado y con miedo, o bien se beneficia directamente de la estructura del poder, buscará la opción que represente el menor cambio en esas estructuras y que no ponga en peligro su estabilidad emocional ni privilegios actuales, sin importar el candidato.

En ambos casos la decisión se toma desde un criterio desconfiable. La izquierda no es necesariamente comunista, ni chavista, ni ortegista como algunos candidatos populistas han señalado. En estas elecciones el Partido de Los Trabajadores del señor Héctor Monestel es la opción abiertamente comunista.

El socialismo tiene muchos matices y movimientos en el mundo y vale la pena investigar cuáles son. El Frente Amplio representa algunos de ellos, pero que han logrado importantes conquistas sociales a ambos lados del océano, como actualmente sucede en Alemania con el pacto del salario mínimo y Uruguay con un modelo económico de crecimiento inclusivo.
El Partido Acción Ciudadana junto con la Unidad Social Cristiana, Patria Nueva, Nueva Generación, Avance Nacional o Integración Nacional son los partidos que representan el centro ideológico y que puede llamarse el «modelo costarricense» anterior al neoliberalismo de los últimos treinta años.
Liberación Nacional no es una alternativa de centro. Representa la derecha conservadora, el capital económico naturalmente asentado, y su propuesta no es distinta del modelo económico neoliberal imperante.

Por último, el movimiento Libertario no es un partido de centro moderado como esta vez se presenta, ya que sus fundamentos ideológicos reposan en la extrema derecha neoliberal.

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