EMPRENDEDURISMO LIMONENSE: VISITE LA SODA «EL PATTY»

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•  Los pattys más famosos de Limón tienen una historia de esfuerzo y dedicación

Con un rótulo hecho a mano, Elma Frederick Steward  agradece a cada persona que visita su local por ayudarla a alcanzar su sueño. Ella es la propietaria, junto a su esposo y tres hijos, de un exitoso negocio en el centro de la ciudad de Limón. La Soda «El Patty», ubicada 300 metros norte de la terminal de buses de Limón, es una parada obligatoria para los turistas y uno de los lugares favoritos de los lugareños para disfrutar de la buena cuchara caribeña.
Desde una discreta ventanilla doña Elma vende diariamente cientos de los que muchos califican como los mejores pattys de Limón. Su historia es una de dedicación y esfuerzo. Doña Elma es originaria de Bluefields, Nicaragua, pero luego se estableció en Limón junto a su madre, en donde se han dedicado durante varias décadas a la venta de comidas.
Su negocio inició con una canasta cargada de pattys preparados en casa con la que mandaba a su hijo a recorrer el barrio. Luego de varios años logró abrir su primer local frente a donde hoy se ubica su soda. «Teníamos una ventanilla aquí al frente, donde está el parqueo, cuando se nos ocurrió preguntar si podíamos alquilar este local, y empezamos también con una ventanilla» recuerda.
Hoy, además de vender pattys, plantaintarts, journey cakes y otros bocadillos muy limonenses desde una ventanilla, cuenta con un área de soda acondicionada para servir desde el tradicional Rice and Beans hasta el famoso «Bochinche Casado» (versión limonense del «casado» tradicional).
Soda el Patty es un claro ejemplo de que con suficiente esfuerzo y perseverancia cualquier negocio puede salir adelante, y que contrario a lo que algunos creen, no se requieren demasiados recursos para dar vida a los sueños.

«Arrancamos esto con las uñas, no pedimos préstamos ni nada» recuerda doña Elma. «Si uno quiere hacer algo es importante luchar por alcanzarlo. Esto es algo que yo siempre quise. Yo soñaba por con una casita a la orilla de la calle, para poner una mesita y vender comida» comenta la propietaria.

Su negocio ha crecido tanto que ya no es sólo es la principal fuente de ingresos de su familia, sino que además emplea a trece personas.
El sueño construido durante más de doce años casi se ve destruido cuando un incendio consumió casi la totalidad del local en agosto del 2011. «Tuvimos que empezar desde cero» comenta con tristeza. En ese momento tuvo que volver a hornear desde su casa y vender desde a la ventanilla, mientras poco a poco lograba reconstruir el local y comprar los implementos perdidos.

A pesar de la adversidad, la determinación de doña Elma le permitió restablecer un negocio que hoy funciona con normalidad y atiende a varias cientos de personas que lo visitan alegremente para el desayuno, almuerzo y la hora del café.

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