CAMBIOS EN NUESTRO SISTEMA POLÍTICO (Edición 18)

 

Heriberto Araya
El independiente

Los resultados del proceso electoral del 2 de febrero fueron un llamado de atención a la clase política y a los dueños del poder económico de este país.
Hasta hace pocos años dos grandes partidos políticos se turnaban en el poder, y otros dos o tres, llamados pequeños, vigilaban el proceso de toma de decisiones ejerciendo un control político. La población estuvo consiente y satisfecha de este modelo durante varias décadas, aunque nunca permitió que un mismo partido gobernara más de dos períodos consecutivos.
Con el pasar de los años, el abuso del poder de algunos políticos llegó a tal grado que el pueblo sabiamente decidió hacer cambios sustanciales, repartiendo el poder entre más partidos.
Esto originó nueve agrupaciones con presencia en la Asamblea Legislativa, lo cual obliga al partido ganador de una elección a una mayor negociación para aprobar leyes o proyectos.
Pero una vez más, el desmantelamiento de la institucionalidad pública en beneficio de las élites económicas de los partidos que se turnaron el poder sumado a los conflictos de intereses que esto generó en las mismas agrupaciones, provocaron crisis internas en las agrupaciones hasta el punto que muchos de sus dirigentes buscaron otras alternativas, aunque muchos regresaron en miras a las nuevas contiendas electorales.
El electorado ya venía dando señales de desacuerdo con la incontenible corrupción y el abuso de las políticas neoliberales que se impusieron en los últimos 20 o 30 años, pero ninguna fue suficiente para frenarlas.
Los políticos continuaron sin enterarse que el pueblo no aguantaba más, hasta que llegó el 2 de febrero de este año y con él la mayor manifestación pública y pacífica de malestar en la historia reciente de la política costarricense.

El electorado no sólo no nombró al presidente en primera ronda, sino que además volvió a repartir el poder político de la Asamblea Legislativa en 9 agrupaciones, con la diferencia de que esta vez premió a un grupo político considerado de extrema izquierda y degradó a otro considerado de extrema derecha.
La amplia clase media, otrora orgullo nacional, ha ido decreciendo con las tesis neoliberales imperantes en los últimos años y hoy la brecha social se ha ampliado, en un momento histórico en que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

Pero a la vez la idiosincrasia misma del costarricense ha ido cambiando, asumiendo posiciones cada vez más egoístas, donde la fórmula predilecta para muchos consiste en hacer menos y ganar más, o mejor aún, ganar sin esfuerzo. Éstas son soluciones fáciles e insolidarias.
Para que este país vuelva a ser orgullo de sus habitantes y ejemplo para el mundo, es necesario que todos pongamos las barbas en remojo, revisemos nuestro accionar de acuerdo al rol y a la preponderancia de la función y el poder que el pueblo nos permita ostentar y actuemos en consecuencia. Si los políticos y responsables del poder no entienden el mensaje, podríamos en un futuro cercano ver situaciones lamentables, como las estamos viendo hoy en Venezuela, Ucrania y otros países.

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