CUADERNO DE VIAJE: CAHUITA

 

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Del caribe sur de nuestro país no se puede decir mucho: las palabras no alcanzan su carácter sublime ni le pueden poner nombre a los miles de tonos de verde y azul que llenarán el este y oeste del viajero a lo largo de su costa. Y es esta una costa con tanta naturaleza que inevitablemente nos despierta una familiaridad acogedora, como si aún rondara por nuestra cabeza algún que otro deja-vu de nuestra ancestral etapa salvaje (para algunos mucho más civilizada que la actual) o como si reconociéramos a nuestra madre entre el salitre y la madreselva. No alcanzan, ni alcanzarán, las palabras. Pero se hace necesario no proseguir la descripción a riesgo de que esta bitácora se convierta en libro, y sí conviene atender a lo que es menester ahora: la mejor manera de disfrutar de la perla de nuestro caribe sur. Cahuita.
La comunidad de Cahuita se sitúa a poco más de 40 kilómetros del centro de Limón, y se puede llegar a ella fácilmente en automóvil o en servicio de buses accesible cada hora. Al llegar al destino ya es posible percibir que es un pueblo pequeño pero hermoso y colorido: este paraíso aún no ha sucumbido a la infección que convirtió Guanacaste en el hábitat de las moles hoteleras ni volvió a Jacó en la sede hedonista tica. El turista que busca estos pedacitos de paraíso dista mucho del común (muchos europeos en edad de retiro, jóvenes de actitud relajada y locales que sienten —sin equivocarse— que estar en vacaciones debe ser sinónimo de paz y descanso). El pasar lento de los segundos en la tierra de Fergusson es contagioso y adictivo para cualquiera.
El desarrollo comercial de la zona es bueno y las opciones de hospedaje son muy atractivas y para todos los gustos y presupuestos. Pero como este autor es un viajante de bolsillos vacíos y ánimo lleno, debe referirse a su experiencia propia, y en relación a esto comentar que las mejores opciones son los alojamientos tipo cabina, que cuentan (por una módica suma, que casi nunca pasa los ¢5 000 por persona por noche), con todo lo necesario para una noche plácida. El protocolo común de las cabinas consta de una cama limpia, un ventilador, un televisor con cable y un baño privado. Además, la mayoría incluye la opción de compartir una cocina, ideal para quien desee ahorrar cocinando él mismo.
La oferta gastronómica del lugar es maravillosa, y este que escribe, viajero asiduo, la calificaría sin ambages como la más atractiva y económica de todo el país. Los restaurantes y sodas del centro encierran joyas gastronómicas dignas de ser degustadas: el delicioso rice and beans (entre ¢3200 y ¢5500 según el lugar y el acompañamiento), la mejor y auténtica pizza italiana a la leña que haya probado (entre ¢5000 y ¢9000 la grande para cuatro), langosta en todas sus versiones (desde ¢7000), comida española de primera (desde ¢7000), comida criolla y hasta un restaurante chino —de esos que no faltan— bastante económico. Aunque parezca irónico, los mariscos en realidad no son la mejor opción en los menús del pueblo, por lo que, quitando la langosta, no los recomendaría con ahínco.
Otra circunstancia a tener muy en cuenta es que todos los restaurantes son también bares, y los dos principales ofrecen música en vivo todos los fines de semana. En este tipo de locales las bebidas nacionales tienen un muy buen precio (¢1000) y la oferta de cócteles es muy variada, pero si el visitante espera una vida nocturna desaforada, definitivamente no es el lugar. El ambiente de fiesta es bohemio y relajado y dista mucho del tipo discoteca (para esto los visitantes más animados deberían de visitar Puerto Viejo, que sí ofrece el perpetuo Tico spring break, sabiendo que el lugar es muy seguro para tener una cálida caminata nocturna).
En cuanto a los atractivos del lugar, son tantos que no nos alcanzaría esta columna.

A unos pasos del centro del pueblo, por ejemplo, está la entrada del Parque Nacional Cahuita, un tesoro natural inigualable con una infraestructura de primera y muchos kilómetros de playa blanca y senderos para pasar el día bajo los aleros del bosque. La entrada al parque nacional es una contribución voluntaria para nacionales, y además está muy cerca de tantos y variopintos lugares como Cocles, Manzanillo, Puerto Viejo, Puerto Vargas entre otros. Esto sin dejar atrás iniciativas privadas como el Santuario del Perezoso (famoso incluso en Animal Planet), El Museo del Cacao, El centro de Rescate del Jaguar y muchas otras atracciones totalmente únicas y fácilmente accesibles.
Un último consejo es acudir a uno de los guías locales y contratar un tour de snorkeling: esta experiencia será algo que nunca olvide, pues la gran cantidad de especies y la claridad del agua convertirán las dos horas del tour en toda una experiencia al mejor estilo de National Geographic. Dicho tour no cuesta más de $40 y es totalmente seguro, pues los guías son personal certificado.
Todo esto y muchísimo más es Cahuita, un destino que pide mil y un regresos. Porque este lugar mágico es la perfecta combinación entre lo fantástico y lo económico, y aunque en efecto sea un pueblo pequeño, siempre se encontrarán cosas nuevas que hacer y que probar. Y sé que no sólo a este viajero que escribe y que regresa una y otra vez a Cahuita le acontece que en cada visita este paraíso le hace más caribe, más aire en calma, más mar de espuma. Usted no se puede perder la oportunidad: su salud mental y económica se lo agradecerán. Buen Viaje.

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