¿MI HIJO SE COMPORTA DIFERENTE?

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No es poco común que los padres que van a consulta digan que su hijo presenta conductas diferentes a los otros niños de su misma edad, no saben a qué se deben y muchas veces lo atribuyen a la «malacrianza», necedad, distracción, torpeza u otros títulos mal posicionados como «hiperactividad», entre otros.
Muchas veces estos niños con problemas de regulación de conducta, de afecto, del sueño y/o de la alimentación presentan un Trastorno en el Procesamiento Sensorial (TPS), también llamado Disfunción de la Integración Sensorial (DIS). Es decir, el Sistema Nervioso Central (SNC) no es capaz de interpretar y organizar adecuadamente las informaciones captadas por los diferentes sistemas sensoriales y recibe información inadecuada, por lo tanto responde inadecuadamente a lo que le pide el ambiente.
Las manifestaciones de un TPS pueden observarse en diferentes ámbitos del desarrollo. Un TPS es en muchas ocasiones es la causa de que los niños no duerman bien, no quieran comer o no se rindan a la satisfacción en el colegio. También puede afectar a la capacidad de jugar, de hacer amigos o de desarrollar la autonomía en el cuidado personal. Como es lógico, si el sistema nervioso central sufre alguna disfunción esta puede afectar al sueño, la alimentación, a la capacidad de aprendizaje y en general, a cualquiera de nuestras actividades cotidianas.
La Dra. Jean Ayres, Terapeuta Ocupacional estadounidense, investigó y creó la Teoría de la Integración Sensorial. Ésta nos indica que la base para un correcto desarrollo se fundamenta en un buen desarrollo del procesamiento sensorial. Cada individuo debe interpretar adecuadamente la información sensorial que le llega al SNC, tanto del entorno como del propio cuerpo, para planificar acciones adaptadas a las exigencias del ambiente.
Frecuentemente los signos de un desarrollo sensori-motor inadecuado son sutiles y debido a ello, mal interpretados. Por ejemplo, un niño que es hipersensible al tacto tendrá a menudo unas reacciones agresivas ante el tacto inofensivo de un compañero que lo roza sin querer, o ante los cariños de sus familiares. Se dirá de él que es arisco, antipático, agresivo o que tiene un temperamento difícil. Pero la causa de ese comportamiento es que dicho contacto le supone a él, por su hipersensibilidad, una verdadera molestia, ante la que naturalmente se defiende y se muestra incómodo. Dada su percepción sensorial, afectada por un TPS, es como si a nosotros alguien externo nos estuviera pasando papel lija sobre la piel.
La detección precoz de un TPS resulta primordial para prevenir repercusiones en la autorregulación, en el aprendizaje, la autoestima y en las relaciones sociales. A veces los síntomas se pueden detectar durante la época de la lactancia. Cuando un bebé llora excesivamente o presenta problemas de regulación de sueño, o en edades tempranas cuando se observa dificultades en las actividades de vida diaria (vestido, alimentación,

baño, entre otras) o bien en el kínder y cuando entra de lleno en primaria presentado dificultades en el proceso de lectoescritura, matemáticas y atención.

 

Licda. Mery Julieth Vargas
Terapeuta Ocupacional
Consultorio PasiTos
TO 0070
[email protected]

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