Nacidos para el deporte

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 Los hermanos Machado dedican su niñez a la competición

Sus sonrisas y juegos son tan divertidos e inocentes como los de cualquier niño, sus almas, tan aguerridas y disciplinadas como las de cualquier guerrero sobre la arena. En los hermanos José Miguel y Luis Ángel Machado existe un extraordinario instinto deportivo que los impulsa a competir en tres deportes distintos cada uno.
Comparten el tablero del ajedrez y el tatami —lid de combate— del judo. En ambas disciplinas son altamente competitivos; José Miguel, el mayor, a sus 11 años ha trascendido el entorno regional para ubicarse a nivel nacional: el año anterior fue cuarto de la categoría sub-12 de la disciplina de ajedrez en los Juegos Estudiantiles.
Como combatiente de judo, a su corta edad ya tiene 6 años de experiencia y se presenta como un atleta de proyección para llegar a representar al país.
Luis Ángel, con 7 años de edad y 4 en el deporte, el año anterior llegó a la final de la eliminatoria provincial clasificatoria a los Juegos Estudiantiles, en la disciplina de ajedrez.
Ambos difieren en el tercer deporte que practican. Luis Ángel además entrena atletismo, mientras su hermano, natación. El tiempo y la dedicación que implica en ellos la práctica a nivel competitivo —tanto del judo como del ajedrez— sumados a sus estudios, les impide compartir una tercera categoría profesional.
En ambos niños se evidencia la disciplina que la formación deportiva les ha conferido: la erguida postura marcial, su ágil comunicación y la responsabilidad en sus estudios, con el infaltable apoyo de sus padres.
Su madre, Alejandra Araya, hablando acerca de la complejidad económica y organizativa a nivel familiar que exige la agenda de sus hijos, nos cuenta con orgullo que «no hay ningún problema, el demandante horario de ellos no me choca con nada, porque ellos son mi vida».
José Miguel tiene bien definido su objetivo: «Me dedicaré al judo porque es donde tengo más facilidad, y quisiera ser campeón mundial». Luis Ángel, esquivo al lente del periódico El Independiente, merodea de un lado al otro a la orilla del «tatami», y cuando le preguntamos cuál de los tres deportes le gusta más, contesta en seco: «¡Me gusta el fútbol! Su madre piensa en voz alta tras escucharlo: «Esto sí va a chocar con los horarios».
La vida los enfrentó a una partida de muerte súbita
Lo impredecible de la dinámica de la competición deportiva situó a los dos hermanos en un escenario de rivalidad y enfrentamiento que en su vida cotidiana desconocían: las llaves eliminatorias del torneo regional clasificatorio a los Juegos Estudiantiles 2013.
Los hermanos se batieron en una partida de ajedrez decisiva. Fueron los dos mejores tableros de la región caribe por un cupo a los Juegos Estudiantiles en la categoría sub-12, pero sólo uno podía llegar. Y ese fue José Miguel, el mayor, quién luego ocuparía el cuarto lugar de la justa estudiantil.
Cada uno describió la experiencia desde su óptica. «Lo vi al frente del tablero y ya sabía que yo estaba muerto», vacila el hermano menor sin mostrar resentimiento.
Al preguntarle por el sentimiento de un niño que descalifica a su propio hermano, José Miguel interpreta la situación desde la formación marcial que han tenido. «Si no lo hago yo con él, él lo hacía conmigo» explica llanamente. Sin embargo el verdadero antagonismo lo vivió su madre: «Se me partió el corazón, pero les dije que dieran lo mejor de cada uno, para que el mejor representara a la provincia».

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