Ebal Rodríguez Barrantes, un comerciante impactado desde joven por el “gusanillo comunal”

  •  A las puertas de cumplir 65 años de edad rememora su faceta de líder comunal que siempre combinó con la de comerciante.
  • Criado en Turrialba y Guápiles, su participación en grupos organizados empezó en 1967 de la mano de Rogelio Alvarado en el comité cantonal de deportes de Pococí.

Se recuerda a sí mismo como un niño inquieto y charlatán, pero ante todo con iniciativa. Su principal escuela fueron sus padres y recuerda que desde que estaba en la escuela,  formaba comités en beneficio de la comunidad estudiantil. Ahora, a punto de cumplir 65 años,  recorre el pasado y dice sentirse tranquilo de haber cumplidor las metas trazadas.

Es hijo de Ebal Rodríguez Aguilar, uno de los personajes pioneros en la historia de Guápiles, que llegó proveniente de Turrialba en 1940. Relata que, en un partido de fútbol, su padre conoció a su madre y desde ahí lo cautivó, hasta conformar una numerosa familia de la cual Rodríguez Barrantes es precursor, ya que él mismo es padre de cinco hijos.

Completó hasta sexto grado en la Escuela Central de Guápiles, y luego se fue a Turrialba a cursar la secundaria, pero un accidente que sufrió su padre cambió todos los planes.

Instalado de nuevo en Guápiles, la actitud de servicio a la comunidad y la capacidad que tienen los individuos para transformar la realidad fue lo que lo motivó a perpetuar el legado de su padre, o lo que él llama el “gusanillo comunal”, que combinó siempre con sus negocios.

Fue de la mano de Rogelio Alvarado que se integró al comité de deportes con tan solo 17 años, en el que su referente fue Manuel Méndez; este enfermaría después, lo que hizo que el joven Ebal asumiera la tesorería a partir de 1967 y durante 15 años.

Después fungiría como secretario y presidente de la Junta de Salud del Hospital de Guápiles; promovió la creación de los veteranos, fue secretario de la Junta Administrativa de la escuela Central,  entre otros puestos.

Se desempeñó también como integrante de la Comisión de Emergencias, donde ayudaría a formar grupos de apoyo en todos los distritos del cantón para atender desastres naturales.

Para él su padre, lejos de representar una figura difícil de igualar, se convirtió en una sombra necesaria. Al momento de enfrentar situaciones difíciles podía buscarlo para solicitarle un consejo. “Si yo fuera de meterme en los zapatos de mi papá todavía me falta otro poco para llenarlos. A él le debo todo, si no fuera por él yo no sería capaz de dar la vida por mi cantón”, reconoce.

El deporte no lo puede dejar de lado, ya que perteneció a las primeras juntas directivas del Santos F.C.  y fue su primer patrocinador en ANAFA.  Hoy se lamenta porque, a pesar del esfuerzo de muchos empresarios y líderes comunales que han aportado su granito de arena para sacar adelante el club, no hay un auténtico apoyo guapileño. La mayoría de seguidores del equipo primero apoyan a la Liga o a Saprissa,y eso le incomoda porque conoce de primera mano los esfuerzos realizados para llevar al Santos a los lugares de privilegio del fútbol nacional.

Ebal empresario y padre de familia

En  1969 le ofrecieron trabajo en Standard Fruit Company donde trabajó durante 14 años, en el Valle de la  Estrella, Limón y Río Frío, periodo que le dejó grandes enseñanzas. En 1983  recibió la liquidación sin ningún drama, más bien complacido porque tenía la oportunidad de dedicarse por completo a uno de sus anhelos desde adolescente: hacer crecer sus propios negocios.

Con su padre ya había hablado de abrir una tienda en Guácimo, pero esta no dio buenos resultados. Este tropiezo no mermó su impulso y luego abrió Cabinas Del Río, que hoy en día también es restaurante y sala de eventos. Para los años noventa abrió el popular establecimiento conocido como “Tienda Ebal” en pleno centro de Guápiles.

¿Cuál es la clave para mantener sus comercios con buen suceso? El apoyo y sacrificio familiar ante todo, principalmente de su esposa, una sancarleña cuya mentalidad laboriosa coincide con la suya.

“En mi juventud ya había tenido algunas novias, pero no había encontrado mi amor. Este vino de San Carlos, un día en que una amiga me dijo que si no podía ir a recoger a la hermana  que venía en una avioneta. Cuando vi bajar a Ana Libia Arrieta Rojas, de una vez me flechó.  Yo  tenía 21 años y  ella 18; vea usted si me flechó que al año de ‘jalar’ nos casamos. Ya tenemos cinco hijos: Ana Lauren, Valeria, Ebal Alonso, y los gemelos Mario y Eduardo” rememora con una sonrisa de orgullo.

Alejado del ajetreo habitual a que están sometidos los comerciantes, el “gusanillo comunal” no lo ha abandonado. Su interés principal son los temas de seguridad comunitaria, y tratar de motivar a la juventud a involucrarse en los problemas que enfrenta el cantón.  Confiesa que no es un hombre de secretos, sino de esfuerzo y sencillez, y eso es lo que busca transmitir a futuras generaciones.

 

 

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