Un despertar con facetas del campo turrialbeño

La hija del volcán es una novela sobre las vivencias de la campiña turrialbeña. Simboliza la gente de pata en tierra o de a caballo para ponerla a cabalgar en la narrativa y demostrar que no es cierto que la literatura esté en crisis.

La hija del volcán es retoño frondoso del árbol literario de Turrialba (con su volcán incluido), pueblo que inspiró las obras de Fabián Dobles, para denunciar los orígenes del latifundio, origen de la lucha popular organizada. Es el mismo Turrialba en cuyas faldas volcánicas habitó, se forjó y se inspiró el genio Jorge Debravo, uno de los grandes poetas de Costa Rica a pesar de la pobreza económica.

Hoy es don Gerardo Vargas Varela un hijo de La hija del volcán (doña Guadalupe Varela, Lupa) y un hijo de un Hijo del volcán (don Federico Vargas, Lico) quien viene a enriquecer la veta literaria turrialbeña, caribeña y costarricense.

Sobre la novela

La hija del volcán es una novela corta que narra la Costa Rica y la Latinoamérica que está a la vuelta de la esquina de una historia reciente. Vista por dentro, los protagonistas representan lo más sagrado e invisibilizado de nuestras raíces en el campesinado, vistos más allá del tan manipulado folclor y del costumbrismo que tanto daño han hecho a nuestro pueblo de piso de tierra.

La hija del volcán, por el contrario, invita reflexivamente a retomar la senda de la cultura popular en todos los ámbitos de nuestras vidas, en momentos en que la cultura de plástico globaliza la confusión, la muerte y la desesperanza. Ante tanto vacío, es tiempo para que los nuevos “Licos Vargas” y las nuevas “Lupas Varelas” entiendan de una vez y para siempre que toda solución y bienestar para el agricultor debe tener su génesis en su organización y solidaridad.

También es un llamado a retomar el camino de la cultura culinaria dentro del contexto de nuestra soberanía alimentaria despreciada desde los Programas de Ajuste Estructural a los Tratados de Libre Comercio.

Es tiempo que la tenencia de tierra no sea fugaz sino perdurable, como es la parcela de 8 manzanas de la familia Vargas Varela que nos dan de comer todos los días por poseerlas, fuera del alcance de la usura de los que especulan con la plusvalía de la tierra y traen miseria y desamparo a nuestro campesinado.

Asimismo, es el tiempo para la capacitación y profesionalización del trabajador de la tierra para que viva con dignidad con el fruto de su propio trabajo.

La hija de volcán es un llamado a volver a recuperar lo perdido o nos han hecho perder en tan poco tiempo. Gracias a ella, a sus hijos e hijas por despertarnos como el volcán Turrialba, diciéndonos que aún es posible un mundo mejor si se lucha siempre, por hacer explotar los sueños que llevamos dentro.

Colaboración: Gerardo Valverde/Independiente

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