Un paraíso turístico en el corazón de Pococí

Perezoso Paradise es una opción de descanso y contacto con la naturaleza. Ofrece piscina, ranchos para camping, bar, comida típica a la leña, senderos y más, todos los fines de semana.

Un emprendimiento turístico centrado en la conservación de la naturaleza, la exquisitez culinaria, así como el fomento del deporte y la recreación son los pilares que busca desarrollar el Centro Turístico Perezoso Paradise.

El lugar se encuentra ubicado en San Bosco, la Colonia de Guápiles, del salón comunal 3 km al oeste, camino al Tajo La Platanera; según su propietaria Adriana Porras, la afluencia de visitantes ha superado sus expectativas. Solo durante los días inaugurales, en Semana Santa, recibieron más de 400 personas de todo el país. Ahora, el centro turístico se encuentra en una etapa de consolidación y asegura que “felizmente no damos abasto”.

En Perezoso Paradise podrá encontrar distintas especies animales, algunas incluso en peligro de extinción, entre ellas: venado cola blanca, tolomuco y, naturalmente, el oso perezoso. Se ofrecen platillos típicos costarricenses cocinados al fogón, como picadillo de palmito, picadillo de papaya, tortillas palmeadas, olla de carne, carne al humo, vigorones, arroz con pollo, entre muchas otras especialidades.

El proyecto surgió a raíz de una difícil situación personal que vivieron los esposos Adriana Porras y Julio Jiménez, dos profesores de la zona de Cariari y Guápiles; esto llevó a Jiménez a entrar en una depresión. Él, como forma de escape, encontraba paz en su finca todos los sábados, domingos y días feriados; inclusive, en varias ocasiones, cuando concluía su labor docente en el Colegio Rural de la Unión, acudía a darle mantenimiento al terreno, el cual se encontraba en completo abandono.

Uno de esos días de pesadumbres ellos se encontraban en Guápiles buscando información en una cooperativa y leyeron un volante informativo de Asociación de Industriales, Reforestadores y Dueños de Finca del Atlántico (ASIREA). Allí se instaba a las personas interesadas en sembrar madera a dirigirse a dicha organización para iniciar un proyecto en terreno propio (ellos donaban los árboles). A partir de ahí, Julio Jiménez decidió apartar seis hectáreas de terreno para ser reforestada. Gracias a este proyecto, sembraron 5 000 árboles maderables.

“Con el tiempo el panorama de la finca iba transformándose poco a poco; comenzaron a divisar muchas especies de animales, algunas hoy en día en peligro de extinción, y eso nos trajo a mi esposo y a mi gran felicidad, porque ambos nos consideramos de los animales. De ver el gran potencial que había en la finca, surgió la idea de iniciar un pequeño proyecto ecoturístico que ofreciera a las personas la posibilidad de disfrutar del contacto con la flora y fauna. En realidad, puedo decir que una situación de angustia, lejos de destruirnos, nos fortaleció”, explicó Adriana Porras.

El lugar ofrece área de parqueo, senderos, uso de piscina, duchas y servicios sanitarios, ranchos para camping equipados con parrilla; además, se puede utilizar un salón para reuniones, fiestas y conferencias, también equipado con parrilas, sillas y mesas. En la actualidad se encuentran preparando el terreno para una cancha de fútbol y voleibol.

El uso de la piscina tiene un costo de 2.500 colones adultos y 2.000 colones a los niños, mientras que en el área de bar y restaurante no se cobra entrada.

Pese a las dificultades de enfrentarse a una actividad comercial hasta ahora desconocida para los propietarios, ellos aseguran que aprenden día con día, aferrados a la inspiración que representa recibir más y más visitantes cada fin de semana de diferentes rincones de Costa Rica.

Pabel Bolívar / El Independiente

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