Dr. Asdrúbal Quesada Castro MICROBIÓLOGO, Químico Clínico y Escritor

El Dr. Quesada, llegó a Guápiles en 1974, procedente General Viejo, Pérez Zeledón, de donde es oriundo y familia de Otón Solís, con quien según nos explica, se graduaron en una escuelita llamada Valverde Vega.

Es hijo natural, su padre fue Oscar Barrantes, hermano del arzobispo Barrantes, pero al no ser reconocido, tenía los apellidos de su madre; posteriormente su mamá se casó con un señor de apellido Quesada, por lo que tomó el apellido de su padrastro, quien murió sólo 2 meses después. Tiene 18 hermanos y cuenta que a raíz de ello su tío, el arzobispo Barrantes un día le dijo que su padre era el Ave Negra de la familia. Uno de sus hermanos hoy es el Alcalde de Golfito.

Manifiesta que al salir del colegio, trabajó como maestro en una escuela en la Zona Sur de C.R., pero no le funcionó, porque conoció al Súper-Intendente de la bananera y lo metió a trabajar con él, luego ingresó a laborar como secretario en el Juzgado de Golfito, se ganaba bien pero no tenía ninguna posibilidad de seguir estudiando, ya que sólo existía la Universidad de Costa Rica en San José. Un día pasó un vendedor de Santos de la capital y lo escuchó quejándose y le propuso recibirlo en su casa y que aprendiera el trabajo de madera y trabajara enmarcando Santos y otros en su taller, cosa que hizo casi de inmediato.

Se trasladó a la casa del señor en San José, aprendió a hacer de todo en madera, e iba a la universidad, a veces con el pelo blanco por el aserrín que producía la lija del taller. Ya estando en la universidad hizo amistad con Constantino Láscaris,  quien fue su profesor, e hizo una revista que se llamó Microscopio y ésta lo dio a conocer en la universidad.

Dada la escasez de recursos económicos durante la universidad, se convirtió en editor, grababa las clases, las editaba y complementaba con material bibliográfico que luego vendía a otros estudiantes. Dice que sus clases grabadas fueron famosas en la universidad.

Entró a laborar a la CCSS como misceláneo, en el Hospital Policlínico, hoy Hospital Calderón Guardia y mientras trabajaba como misceláneo, estudiaba y se formó como técnico, con lo que consiguió trabajo en el Hospital Max Peralta; al concluir su carrera en 1974, se vino por un año al Hospital de Guápiles, pensando luego trasladarse un año después a Puntarenas o Pérez Zeledón, donde ya tenía oferta.

Ya estando instalado le gustó, vio que era un pueblo muy tranquilo y se trabajaba bien, por lo que se compró una finca y decidió quedarse. “Yo vine sin nada y todo lo que tengo lo hice en este pueblo y espero morir en Guápiles”, nos dijo. Como detalle importante de su familia, nos cuenta que su mamá se vino a vivir y murió en esta tierra. Además, que su hermano Joaquín Quesada que es abogado, también se hizo guapileño.

Se casó con una enfermera de Guápiles y tuvo 4 hijos, 2 mujeres y dos varones, dos son farmacéuticos y dos abogados. Dice que se divorció, porque la que era su esposa quería vivir y crear a sus hijos en el valle central y él quería quedarse en Pococí. Varios años después se juntó y vive en unión libre con su actual pareja, con quien no tiene hijos.

Cuando llegó a Guápiles, había gran efervescencia económica, ya que las bananeras también venían llegando y era el principal producto de la zona, aunque también se producía maíz.

El hospital estaba recién inaugurado y contaba con sólo 4 especialidades, 8 médicos generales, un farmacéutico y un microbiólogo, que era yo,  se ganaba muy bien. El laboratorio del hospital tenía un equipo  muy malo, pero en el año 1997 se logró automatizar todos los laboratorios de la CCSS del país y se alcanzaron altos estándares de calidad e innovación con equipos de alta tecnología.

A pesar de que no existía la carretera y se viajaba en tren o en avión, continuó estudiando y sacó una Maestría en Administración de Servicios y Centros de Salud, lo que le permitió alcanzar el puesto de Director General de Microbiología de la institución, estuvo casi nueve meses laborando en San José, pero luego decidió pedir el traslado y regresar de nuevo al Hospital de Guápiles, hasta el año 2006, en que se pensionó. Recalca don Asdrúbal, que cuando alguien quiere mejorar el currículo, sólo requiere fuerza de voluntad, no importan las condiciones, siempre es posible.

En relación con el sistema de seguridad social de este país, indica: “El principal problema de la caja es tener personal profesional, que trabaja tanto en lo público como en lo privado y no se debería mezclar, ya que genera conflictos de interés que afecta a los pacientes. Yo pienso que los médicos deben trabajar de forma exclusiva para el hospital público, lo que haría mejorar mucho el servicio que la caja ofrece”.

Menciona que por razones éticas, nunca quiso trabajar en lo privado, ni permitía que el personal que contrataba lo hiciera, él exigía dedicación exclusiva para su personal. Su criterio es que “la privatización total de los servicios de medicina nunca se va a dar, porque la medicina privada es muy cara. Lo que hoy está ocurriendo es que los médicos se aprovechan de meterse a brindar un servicio público para llevar clientes a su actividad privada, incluso algunos solicitan laborar para la caja medio tiempo, para dedicar el resto a sus consultorio particular y eso no se vale”, nos comentó.

Considera que nuestro sistema de salud hoy, en calidad técnica está bien, incluso mejor que antes, ya que hay mejores equipos y nuevas técnicas de microcirugía que permiten hacer proezas, sin embargo el gran problema es la saturación de los servicios básicos, como consulta externa, emergencias, oftalmología y otros.

La persona, el escritor

El haber estado en la universidad, editando las clases y produciendo la revista Microscopio, le permitió llevar cursos de estructura literaria con Julieta Pinto y eso lo motivó a escribir poesía y posteriormente su libro “Historias Sobre Rieles”, con la intención de preservar la memoria de gente muy importante de la comunidad.

El libro cuenta una serie de historias muy interesantes como: la de Sombrerona (Carlos Murillo), cuando lo mordió una serpiente y trató de matarla a patadas, recibiendo 7 mordidas más. La historia de don Ramón, que obligó a un ejecutivo municipal a casarse con una muchacha que había embarazado. La historia de la saca de guaro en Suerre, que creció en base a una parcela de caña para hacer contrabando. La de don chico que se enamoró de una prostituta muy bonita de La Rita y al regresar a casa tuvo un altercado con su esposa, que ya se había enterado y al llegar se lo acomodó de un leñazo, él se defendió con un machete y ambos ingresaron a emergencias en la misma ambulancia; finalmente ambos murieron y terminaron enterrados juntos. La historia de la finca de Ernesto Campbell que se hacía grande o se hacía chiquita, según las corridas del Río Toro Amarillo. La mujer de hule, una muchacha que tuvo muchos accidentes, pero no le pasaba nada. El abuelo, un italiano que vendía chances en Jiménez, se vino de Europa para que su hijo no fuera a la guerra y muchas  historias más.

Puede decirse que este escritor busca en sus textos, no sólo contar anécdotas de personajes de Pococí, sino además dejar a  los lectores lecciones importantes, con sus narraciones.

La primera edición de su libro está agotada y aún no decide si sacará una nueva edición; por el contrario, ya  tiene un nuevo libro, esta vez se trata de una novela llamada “Buscando el Norte”, cuatro generaciones de costarricenses, que enfrentan la desgracia, buscan su norte, que es su esperanza y como una de ellas logra alcanzar la paz que tanto buscaba y necesitaba.

La vida de este Microbiólogo y escritor es tranquila, vive su vida cercana a los hijos y busca hacer lo que le gusta, trabajar en su finca y disfrutar pero sin excesos. Explica  que se debe buscar el equilibrio para vivir mejor, no abusar del licor ni de la comida. Su mensaje en este sentido es claro, no mentir, evitar criticar o juzgar a los demás; en lugar de ello, brindar la mano a quien lo pueda necesitar y siempre dar gracias Dios por las bendiciones.

En política, manifiesta estar defraudado con el que fue el partido de sus amores, el Partido Liberación Nacional, porque ya no respeta procesos locales. El partido debe entender que está obsoleto, que la gente hoy en día piensa diferente, el pueblo ha madurado y la gente cobra los errores de los partidos. Concluye diciendo que Liberación está secuestrado por las estructuras y no da espacios a la gente joven.

Heriberto Araya Céspedes

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