Roberto Rodríguez Fernández, ciudadano destacado de Pococí

Nació en 1948, en un lugar llamado Fruta de Pan, en Villa Franca de Río Jiménez; en ese entonces Guácimo era un distrito de Pococí, por  lo que su cédula lo acredita como ciudadano en Pococí. Es hijo de Clemencia Rodríguez, una cartaga  y  Francisco Zelaya Hondureño, que les abandonó cuando él tenía 4 años y su madre los sacó adelante sola.

En esa época, la principal actividad económica de la zona era el maíz, cuando el Consejo Nacional de Producción (CNP) apoyaba a los productores, e incluso compraba el maíz y otros granos que la gente producía, el Río Villa Franca era nuestro gran amigo, nos proporcionaba gran parte de la alimentación, era un recurso muy valioso al igual que la cacería, se vivía humildemente pero éramos muy felices, recuerda don Roberto.

Estudios

Ingresó a estudiar en la Escuela Belsaville en Platina, Río Jiménez, pero estando apenas en segundo grado la situación se puso tan crítica, que tuvo que salir para trabajar y ayudar a su madre a criar sus 9 hermanos.  Recuerda con cariño su escuela, porque ahí aprendió a leer y las operaciones matemáticas básicas que le ayudaron el resto de su vida. Vive muy gradecido con la familia Myre de Río Jiménez, quienes le ayudaron mucho dándole trabajo, desde entonces les mantiene gran cariño.

Al cumplir 15 años se vinieron a vivir a Guápiles y consiguió trabajo en Diamantes, donde ganaba 96 colones por quincena. A los 16 años se trasladó a trabajar a la Standard Fruit Co., como peón, pero el capataz don Andrés Rodríguez lo estimaba mucho y le propuso ser ayudante de carpintero, como no tenía herramienta, se fue y sacó fiado del comisariato un  serrucho y un martillo, ya que don León Weinstok le daba crédito a su mamá. A propósito, don León fue Presidente Municipal y con una gran visión de Desarrollo Urbano, que luego se perdió, nos comenta.

Se casó en 1969, a los 21 años, cuando ya era operario, para ese entonces, estaban haciendo las casas de Bandeco, por lo que pidió trabajo en esas construcciones, a los 22 años decide irse a trabajar en lo propio, haciendo reparaciones e incluso casas para vender, posteriormente decide poner una fábrica de blocks y un criadero de gallinas.

Recuerda que con la crisis que tuvo el país durante el Gobierno de Carazo, decidió cambiar de actividad. Compró el lote donde está Comalitos, unos años antes de la construcción de la carretera Ruta 32 y puso una granja con 5.000 gallinas; después de algún tiempo decidió liquidar la granja e iniciar una fábrica de muebles de madera. Posterior a ello abrió un aserradero, donde posteriormente pasaría la carretera ruta 32, que en el año 2001, decidió transformar en el Restaurante que hoy todos conocemos.

La Estación Experimental Los Diamantes era diferente, era una dependencia de la Agencia para el Desarrollo de los Estados Unidos, que hacía investigación y ayudaba  mucho al productor de la Zona.

El gusanillo comunal

Su primer gran acción como comunalista fue en1975, cuando observando que muchos niños del sector oeste de Guápiles caminaban varios kilómetros para ir a la Escuela Central,  trató y convenció a sus vecinos de dar la lucha por hacer una escuela en el sector conocido como Barrio los Ángeles, organizaron un Comité e iniciaron gestiones y un señor de apellido Barrantes, donó un terreno para la escuela, con su conocimiento de carpintero, iniciaron poniendo las primeras estacas para su construcción, mientras tanto los vecinos organizaban turnos y otras actividades para financiar su construcción. Estaban en eso cuando llegó Gerardo Zúñiga, conocido como Toro, funcionario de Dinadeco y les propuso constituir una asociación de desarrollo, y les capacitó en asuntos de  liderazgo. Así, en 1976, el Comité pro Escuela se convirtió en la Asociación de Desarrollo Comunal de Barrio los Ángeles.

Para avanzar en la construcción de la obra sacaban fiada  la madera, con don Ernesto Barboza de Calle Negra, lo que ahora es Garabito y con los turnos le pagaban, la escuelita inició con dos aulas.

Su segunda gran acción como comunalista  fue en 1982, cuando don Julio Méndez, don Roberto Cárdenas, doña Grace y otros comenzaron las gestiones para construir el edificio de hogar de ancianos, y lo llamaron a cooperar, originalmente estuvo en un edificio de madera, frente al actual correo, para ese entonces hablaron con don Eliseo y don Hernán Barrantes y  les regalaron la mitad de la propiedad donde está actualmente el hogar.

Reconoce el gran aporte que les dio el Arquitecto Corrales, persona muy desprendida, quien donó el diseño y los planos y él con gusto donó el trabajo. Recuerda que el Arquitecto les sugirió visitar otros hogares para hacer algo realmente funcional y una comisión fue a Turrialba, San Isidro y San Ramón y finalmente decidieron hacer un diseño propio, corrigiendo los problemas que vieron en los edificios visitados.

En 1984 participó en la creación del Club de Leones de Guápiles, que estaba en la Casona de Finca Numancia, conjuntamente con Fabio Bolaños y su esposa Maruja, Miguel Laredo, el Doctor Gilberth Castro, Wilberth Picado y otros. Menciona que en esa época la gente sentía patriotismo, responsabilidad, amor, humanidad y se hacían actividades para ayudar muy hermosas. Estuvo más de 10 años y conseguían sillas de ruedas, camas, colchones y otros para gente que en extrema pobreza.

En 1985 se reunió un grupo de madereros conscientes  y fundaron la Asociación de industriales reforestadores y dueños de finca de la zona Atlántica (Asirea), que en el 2007 cambió el nombre a Asociación para el Desarrollo Sostenible de la Región Atlántica, entre otros estaba él, Guido Madrigal, Carlos Rojas (Caroke), Jainer Ramirez, Álvaro Odio, Felique, Ernesto Barboza y Los Hnos. Alvarado de Siquirres. El objetivo fue, tratar de organizar la actividad maderera y coordinar con la Forestal, dependencia del Minae, ya que había mucho problema para lograr permisos de explotación; además crear conciencia sobre la necesidad de reforestar.

Finalmente creamos la Cámara de Comercio, Industria y Turismo, conjuntamente con Hugo Torres, Aderith Brenes, Eliécer blanco, María Eugenia, Cliver Vega y otros. Con la Cámara de Turismo no pudimos. “La riqueza depende de la organización y aquí hay muy poca, sobre todo porque no hay identidad, la población nuestra es inmigrante y muchos vienen no necesariamente a comprometerse con el desarrollo”, indica don Roberto.

“El principal problema de este pueblo es que la gente que llega a la Municipalidad no es la mejor. Tenemos un problema serio con la falta de visión y compromiso de nuestro Gobierno Local. En San Carlos hay una gran diferencia, ellos tienen identidad y hay una Municipalidad comprometida, aquí en cambio hay vicio y muchos intereses personales”. Mientras no tengamos un consejo que realmente cumpla con los objetivos, con un plan de desarrollo de a dónde queremos ir y que se cumpla con  lo que se planea. El otro gran problema es el clientelismo político y que la gente que llega a la municipalidad no es la mejor. Aquí la fórmula es crear un partido cantonal, aquí hay gente capaz, pero los partidos nombran a los que se les ocurre”, finaliza diciendo este dirigente comunal.

Heriberto Araya Céspedes

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