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Desechar mal las mascarillas de un solo uso le costaría al ambiente casi 400 años para degradarlas

El mal manejo de este tipo de residuos podría incentivar a la generación de microplásticos en perjuicio de la naturaleza

La importancia de usar las mascarillas de forma correcta para evitar la propagación del COVID-19 hoy es casi incuestionable. Después de varios análisis, el 06 de abril de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) reveló, por primera vez, que su uso era necesario con el propósito de disminuir la transmisión del SARS-CoV-2.

Pero, ¿alguna vez pensó en el costo ambiental de usar y botar de manera inadecuada una mascarilla desechable que solo utilizó un par de horas? La respuesta es sencilla: un precio muy alto para el ambiente.

De acuerdo con el Gobierno de España, mediante un comunicado de prensa emitido el 30 de julio de 2020, el impacto al entorno que generan las mascarillas desechables se traduce en un residuo que tardaría, en promedio, entre 300 a 400 años en degradarse. En otras palabras, cerca de 40 décadas en las cuales la naturaleza y el mismo ser humano tendrán que lidiar con estos desechos.

WWF

Por su parte, el World Wide Fund for Nature (WWF) de Italia calcula que, aun si solo el 1 % de las mascarillas se desechara de forma incorrecta, esta cantidad sería suficiente para provocar hasta 10 millones de residuos que cada mes contaminarían el medio ambiente.

Sin embargo, esa cifra no es la más preocupante. Para el ingeniero químico Christian Alpízar Herrera, egresado de la Universidad de Costa Rica (UCR) y actual docente de gestión ambiental del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), la verdadera inquietud radica cuando la mascarilla empieza su lento proceso de degradación. ¿El motivo? Los microplásticos.

“Las mascarillas desechables están en parte elaboradas con polietileno o polipropileno (que son dos tipos de resinas plásticas). Al tener plástico puede pasar dos cosas. La primera es que, si se conservara en ese tamaño, la mascarilla puede ser ingerida por la fauna marina. Lo segundo es que, mientras el plástico se va degradando, produce microplásticos (pequeñas partículas de plásticos) que pueden introducirse en la cadena alimenticia de los seres vivos y llegar a afectar la salud humana”, manifestó Alpízar durante la Jornada de Salud Ambiental 2020 desarrollada por estudiantes de la Escuela de Tecnologías en Salud de la UCR.

Las palabras de Christian son cercanas a las posturas de otros organismos internacionales. En el informe del 2017, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) reportó que los microplásticos contienen adictivos; es decir, una mezcla de productos químicos añadidos durante la fabricación que pueden filtrarse en el ambiente.

De igual forma, ese mismo informe señaló la presencia de microplásticos en el ambiente acuático y la existencia de casos en los que la fauna marina presentaba consumo de esos desechos.

“Se ha observado que más de 220 especies diferentes ingieren desechos microplásticos en condiciones naturales. Excluyendo aves, tortugas y mamíferos, el 55 % son especies (de invertebrados a peces) que tienen importancia comercial, tales como los mejillones y las ostras”, cita el documento de la FAO.

Costa Rica no se queda atrás de esa realidad. En el 2019, un grupo de estudiantes de biología de la UCR identificó  1 101 piezas de plástico en el tracto digestivo de 30 peces analizados de la especie Opisthonema libertate. A esta se le conoce como sardina gallera y se usa tanto para el consumo humano como para carnada de otros peces.

Por lo tanto, si se habla de mascarillas de un solo uso, un manejo inadecuado de estos residuos pasaría una factura cuyo costo futuro podría ser difícil de subsanar.

«Hace unos meses era imposible encontrarse un producto de estos en la naturaleza, costas o ríos, y este año se ha vuelto de lo más común. Imagine una población de siete millones de personas usando mascarillas desechables dos veces al día, son 14 millones de residuos, una cantidad absurda que viene a alimentar más la denominada ‘gran mancha de basura del Pacífico’. Esto duele y habla mal de nosotros como especie y seres humanos», señaló Gilbert Alvarado Barboza, investigador de la Escuela de Biología de la UCR.

Entonces, ¿cómo se desecha?

En la desestimación de una mascarilla desechable, el Ing. Alpízar explica que esto depende del generador. El manejo no es mismo para un hospital que atiende a varios pacientes con COVID-19, que la usada por una persona durante sus actividades diarias.

“Por ejemplo, en los centros de atención a la salud, la clasificación es más rigurosa y los residuos peligrosos se dividen más. Además, todos los residuos infecciosos tienen que ser esterilizados y tratados para eliminar los posibles agentes patógenos.

En el caso personal, la recomendación del Ministerio de Salud, según el lineamiento 16, es no prolongar por más de tres horas el uso de mascarillas descartables y depositarlas en un contenedor con tapa de pedal. Este punto es vital, porque la tapa ayuda a evitar la diseminación de los patógenos”, amplió Alpízar.

En el caso que haya una persona enferma de COVID-19 en la familia, se recomienda que todo el material desechable utilizado sea dispuesto en un cubo de basura colocado dentro de la habitación del enfermo, preferiblemente, con tapa y pedal de apertura.

Luego, la bolsa de plástico debe cerrarse antes de sacarse de la habitación y debe ser colocada dentro de una segunda bolsa para descartarse con el resto de los residuos domésticos. Después de tratar los residuos, la correcta higiene de manos resulta imprescindible. Este mismo proceso aplica cuando las mascarillas de tela alcanzan su vida útil.

¿Qué se puede hacer?

“Lo que podemos hacer con las mascarillas es usar las reutilizables de tela que podemos lavar y desinfectar. Con esto ayudamos a disminuir el problema”, indicó Alpízar.

Si se efectúa un cálculo rápido con base en las recomendaciones del Ministerio de Salud, una persona con una jornada laboral de ocho horas debería cambiar su mascarilla desechable cada tres horas, para un total de tres al finalizar su trabajo.

En seis días, la cantidad equivaldría a 18 mascarillas lo cual, trasladado a siete meses de pandemia desde que Costa Rica registró el primer caso, contabilizaría 504 en una sola persona. Una mascarilla de tela, en cambio, puede durar más tiempo. Eso sí, siempre y cuando no se humedezca y sea confeccionada con al menos tres capas de tela antifluidos.

“Se pueden hacer mascarillas sencillas en casa con telas lavables que permiten respirar y ayuden a prevenir la propagación del COVID-19. Para eso hay que asegurar que la mascarilla se ajuste de manera firme pero cómoda contra los lados de la cara, cubra toda la zona de la nariz y la boca. También, que se sujete con lazos o bandas para las orejas e incluya varias capas de tela”, recomienda el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC).

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