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Matina, valle cacaotero de la Colonia

Matina es un cantón poco estudiado respecto a su historia contemporánea. Durante la época colonial costarricense, Matina fue un lugar de gran importancia para un sector de la economía de la provincia española de Costa Rica.

El valle de Matina se localiza entre los valles de Pacuare (al norte) y La Estrella (al sur). En el Siglo XVII, la zona presentaba condiciones climáticas ideales para la explotación del cacao, la cual se llevó a cabo debido a la necesidad de encontrar un producto que volviera más dinámico el comercio de la provincia con el exterior.

Entre 1660 y 1780-90, se desarrolló una importante actividad cacaotera en Matina mediante el sistema de haciendas. Inicialmente, los dueños de las haciendas cacaoteras (residentes la mayoría en Cartago; en algunos casos dichos dueños viajaban a sus propiedades en Matina, una o dos veces al año, en tiempo de recolección de frutos) utilizaban mano de obra esclava indígena. Sin embargo, debido a intervenciones de religiosos franciscanos se logró prohibir la explotación indígena. 

De esta forma, los hacendados optaron por comprar esclavos negros o de contratar indígenas a cambio de salarios.

No es coincidencia que se eligiera Matina para realizar esta actividad económica, ya que en esta zona se ubicó uno de los puertos más importantes durante la Colonia. Este hecho contribuyó a la facilidad para la exportación del cacao vía marítima. 

No obstante, este factor se convirtió en una desventaja que contribuyó a una posterior caída del comercio con el cacao. 

El valle de Matina, por su cercanía a la costa Atlántica, estaba peligrosamente expuesto a incursiones de piratas y corsarios, así como a las invasiones de los zambos mosquitos (grupos producto de la mezcla entre nativos de La Mosquitia y esclavos negros). Estos últimos estaban aliados con los ingleses. 

Estos invasores no dudaron en saquear cuanto pudieron de las haciendas: cacao, esclavos, herramientas, etc., ocasionando así graves daños económicos a los hacendados.  Además, Matina estaba literalmente poco protegida por la autoridad militar española. 

Los pocos esfuerzos que hicieron las autoridades españolas para defender la zona de los constantes ataques enemigos no dieron muchos frutos. Por ejemplo, en 1742 y bajo la dirección de José de Sierra, se construyó el fuerte San Fernando de Matina, pero este fue completamente destruido por piratas en 1747. 

“Nada presagiaba en la serena y hermosa mañana del 13 de agosto de 1747 la catástrofe que dentro de pocas horas debía cumplirse allí (…) Tan ciega era la confianza de los defensores del castillo acerca de la ausencia de todo peligro, que la puerta única del mismo se hallaba abierta de par en par, y sus moradores circulaban, dentro y fuera del recinto, en pequeños menesteres (…) Centinelas solo funcionaban dos, cuando cinco eran los que constantemente debieran permanecer de punto día y noche sin un instante de reposo (…) Hallábase fuera de la estacada el artillero Palma… cuando… al salir casualmente de la cocina exterior, vio que surgía el enemigo de un teosintal del lado de Moín a corta distancia de la puerta del fuerte, y aceleradamente se dirigía a ella. El artillero tuvo tiempo de dar la voz de alarma a sus descuidados camaradas con estas palabras: ¡A las armas, a las armas! que viene el enemigo. En cuatro saltos llegó a la puerta, la cerró y unos segundos después estaba en ella el enemigo, que no logró forzarla… Aunque la sorpresa fue terrifica, cada uno de los moradores del castillo trató de cumplir con su deber. El comandante tomó un arma apuntó y no levantó fuego… por lo húmedo de la pólvora. No aparece en el sumario que hiciera otra cosa antes de ordenar la absoluta e incondicional rendición… Eran muchos los soldados que se ocupaban en la cocina interior en la preparación de sus alimentos y de ellos pocos pudieron pasar a empuñar las armas, porque el enemigo, cuando se convenció de que no le era fácil derribar la puerta del castillo, rodeó la estacada forzándola en varios puntos, y por entre estaca y estaca, hacía blanco en todo soldado que de la cocina salía, de los cuales mató e hirió a muchos más. Por fin logró el enemigo forzar la estacada del lado de Santa Bárbara y, cerca de la puerta, penetró al recinto, abrió la puerta y dominó por entero la fortaleza, antes de que los defensores de esta consiguieran organizarse para la resistencia… El invasor tomó tranquilamente posesión del Fuerte”. (Tomado de la obra de Pedro Pérez, Gregorio José Ramírez y otros ensayos: El fuerte de San Fernando de Matina, 1971.)

Otro de los factores que contribuía a la vulnerabilidad de Matina fue la condición precaria de las vías de comunicación con Cartago, ya que se contaba con pocos caminos. 

El de Matina a Cartago, que había sido abierto en 1576 por Anguciana de Gamboa, fue reparado por el gobernador Gregorio de Sandoval en 1636, quien hizo construir algunos ranchos a lo largo de él e instaló una aduana en Matina para sustituir al puerto de Suerre, que unos años atrás se había abandonado en vista del cambio de curso sufrido por el río que luego se llamó Reventazón. 

Para 1727, el gobernador Francisco de Valderrama ordenó realizar reparaciones en ese camino y diez años después el gobernador Carrandi y Menan emitió órdenes en el mismo sentido: esta vez la sección escogida fue entre Turrialba y Guayabo. En 1774 le correspondió al Gobernador Fernández de Bobadilla ocuparse de lo mismo. 

Matina en el Siglo XX

Desde inicios del Siglo XX, la zona fue absorbida por la United Fruit Company para la explotación bananera, de igual forma que los demás cantones actuales de la provincia de Limón. Cuando la compañía bananera se trasladó al Pacífico Sur en la década de los treinta, imperó un periodo de crisis generalizado en la zona Atlántica. 

Fue hasta la década de los sesenta que la actividad bananera resurgió en Matina y hasta la fecha es la actividad principal de este cantón. 

La Ley N° 22 del 4 de noviembre de 1862 sobre ordenanzas municipales, declaró Matina como un pueblo del cantón segundo Paraíso de la provincia de Cartago. En la Ley N° 20 del 18 de octubre de 1915, el barrio Matina conformó parte del distrito segundo del cantón primero de Limón. 

Jurídicamente, Matina se declaró cantón en el año 1969 mediante la Ley 4344. En dicha ley se establecía a Matina como un cantón conformado por dos distritos: Matina y Bataán. No obstante, en 1971, mediante el Decreto Ejecutivo 2078-G, se creó el tercer distrito: Carrandí.

En 1908 se fundó la escuela, durante la primera administración de Cleto González Víquez, la cual en este momento se denomina Escuela Matina. El Colegio Técnico Profesional Agropecuario de Batán inició sus labores de enseñanza en marzo de 1974, en el segundo gobierno de José María Figueres Ferrer. Dichas instituciones han contribuido enormemente al desarrollo de la población cantonal desde el campo educativo. 

Jeremías Mora
Docente

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