Una fiesta de fútbol femenino en Puerto Viejo

Una fiesta de fútbol femenino en Puerto Viejo

Víctor Chacón Rodríguez

Al llegar al estadio de Puerto Viejo, Limón, algunas cosas nos sorprendieron: el ambiente festivo, la envolvente música caribeña, un ardiente sol tropical y comidas tradicionales: pollo, plantintá y patí (el auténtico, no el remedo que comemos en los estadios del Valle Central).   También, que todos los asientos estaban ocupados; nunca imaginamos quedar de pie en un partido de fútbol femenino, bajo un sol que doraba hasta los huesos. 

El estadio es pequeño, con una magnífica gramilla natural – como el espíritu del fútbol manda que sea-.  Únicamente uno de los laterales posee gradería, de madera.  Detrás del marco sur, imponentes árboles testifican la exuberancia de una montaña apenas contenida por los muros del estadio. Agotados los asientos, en las restantes áreas muchos se las arreglaron para presenciar el encuentro desde árboles, techos de vehículos y casas. 

El fútbol obliga.

En medio de un pandemónium, las jugadoras de Puerto Viejo y Alajuelense iniciaron con un tránsito rápido de la pelota.  Cada milímetro era disputado sin concesiones.  La tribuna no dejaba de alentar, denunciando a los árbitros en cada jugada según el prisma de cada aficionado. Lo usual en todo estadio, pero sin insultos fuera de tono, ni de índole racial o género.  Más bien dotados de un ingenio que despertaba la hilaridad.

Al minuto 37, Katherine Arroyo anotó para las “leonas”, lo que fue celebrado por sus seguidores, liderados por sus leales de “La Manada”.   Ni el equipo, ni los aficionados de Puerto Viejo cesaron de alentar, lo que fue recompensado 5 minutos después, con una magistral anotación de la experimentada Karla Villalobos, quien en buena hora abandonó su retiro para devolvernos sus goles.   El empate fue celebrado con algarabía desde graderías, árboles y techos.    

Al descanso, jugadoras y aficionados corrimos a buscar bebidas y alguna noble sombra, en medio de un caleidoscopio de colores, música, opiniones sobre jugadas recientes y vaticinios para la segunda parte.        

El juego reinició con el mismo sol, igual entusiasmo en las gradas e intensidad en la cancha.  Una fiesta de fútbol que ninguna televisora tuvo el acierto de transmitir…    

Al minuto 56, Anyela Mesén marcó para Alajuelense en medio de un estallido de celebraciones.   El pueblo de Puerto Viejo redobló su apoyo, aplaudiendo cada avance de sus jugadoras, gritando en cada transe de riesgo u ofensiva.   En algún momento hasta costaba distinguir quien iba a favor o en contra; parecía una onda moviéndose a un mismo ritmo.   Apenas transcurridos 7 minutos, Villalobos nuevamente complace con un gol de excepcional factura.   Paridad en el césped, locura en las gradas.  El estruendo debe haber resonado por todas las calles y vericuetos de Puerto Viejo.  

A esas alturas, el consenso de parroquianos era que el partido parecía una final de campeonato, y apuntaba al empate como destino.   En una mínima pausa de silencio, se escuchó la voz de un niño que a todo pulmón gritó:   ” ¡Que viva el fútbol femenino!”.  Desde la malla, volteé para ubicarlo, pero el mar de personas lo impedía. No obstante, se escucharon como réplica, muchos “viva” y aplausos de aquella gradería multicolor.    

Los más conocedores aseguraban que este era el mejor partido del actual campeonato, por la entrega, lo trepidante del juego y el ambiente en las gradas.   Entonces pregunté ¿por qué en los anteriores partidos Puerto Viejo FF, no había tenido mejor desenlace?  –“Porque faltaba la motivación de su gente”– explicó alguien al lado.   En efecto, a pesar de estarse disputando la jornada 9 del torneo, era la primera vez que el equipo jugaba en su estadio, en el corazón del pueblo y junto a su mar.   El equipo venía oficiando de local en el Estadio Juan Gobán, de Limón, y no es lo mismo.  En Puerto Viejo el equipo se siente arropado con su gente, en familia.  El sentimiento de todos es: “mi pueblo es mi equipo; y mi equipo, mi pueblo”. 

Casi al término, Alajuelense consiguió el gol del triunfo nuevamente en piernas de Mesén (¡duelo de goleadoras!).  Puerto Viejo lo siguió intentando, entregando el alma hasta el último minuto. Lo mismo su afición, volcada en la gradería, desde árboles y techos, en un solo espíritu.    El empate estuvo cerca, pero caprichosamente el balón no cruzó el arco.    El partido llegó al final, dejando un estado de euforia festiva, como cuando se termina exhausto una fiesta donde se derrocharon todas las energías.  Ese juego quedará registrado en la retina de todas las gentes, de todas las edades y géneros, que afortunadamente estuvimos ese día en el estadio de Puerto Viejo.

vchacon.cr@gmail.com

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